|
|
Casa del Migrante Tecún Umán
La Casa del migrante de Tecún Umán nace como proyecto en julio de 1995 y empieza a hacerse realidad en septiembre del mismo año. La construcción de la Casa del Migrante viene a ser un refugio para todas la personas migrantes que migrando hacia el Norte ven truncado el sueño americano.
La casa brinda a toda persona migrante, hospedaje (3 días), alimentación, asistencia social, laboral, jurídico - legal, médica y otras necesidades básicas que puedan necesitar mientras permanecen en la institución.
![]()
La ciudad de Tecún Umán, lugar fronterizo entre Guatemala y México, dista a 81 kilómetros de la cabecera departamental y a 251 kilómetros de la capital, con 27,000 habitantes locales y una población flotante de 30,000 personas aproximadamente. El quehacer de su población gira en torno a aspectos de carácter histórico, sociocultural y económico; aunque muchos de sus habitantes se dedican a la agricultura y también llegan de otros lugares (migrantes temporeros) a trabajar en el campo. Otros se dedican a la albañilería, carpintería y herrería. LA VULNERABILIDAD DE LOS DERECHOS HUMANOS DE LOS MIGRANTES
![]()
Cuando se fue conociendo más a fondo la cruda realidad del fenómeno migratorio en todo el sentido de la palabra y las constantes violaciones a los derechos humanos de los migrantes tanto en territorio mexicano como guatemalteco, en septiembre de 1996 se instala como complemento de la Casa del Migrante, la Oficina de Derechos Humanos. Financiada por la Iglesia Luterana de Dinamarca, tiene como objetivo principal implementar en la zona una cultura de respeto a los derechos humanos y defensa de la población migrante, y está estructurada estratégicamente con tres áreas:
Es así como a la fecha se han albergado y orientado en coordinación con la Casa a 41,178 migrantes, detectado y denunciado públicamente 14,519 casos de hechos presumiblemente calificados como delitos, que en cierta medida constituyen violaciones a los derechos humanos, en primer lugar porque los mismos han sido realizados por la autoridad y en segundo por la falta de seguridad que los países de Guatemala y México brindan a la persona; sin importar su nacionalidad y condición migratoria. Director: P. Ademar Barilli, C.S. ![]() Ave. del Migrante 22 Tel. Area (502) 7776-8416
REVISTA SIN FRONTERAS
Descargar Revista
Descargar Revista
Descargar Revista __________________________________________________________________________
Historias de Migrantes Teresa. El lunes 2 de junio de 2003, en mi turno de cuidar la puerta, tuve la oportunidad de platicar con Teresa, hondureña de treinta años, con cinco hijos e hijas, la mayor de trece años y el menor de nueve meses. Siempre me ha costado obtener información de mujeres migrantes pero hoy, en diez minutos, oiga lo que me contó: Llevo ya dos intentos, una vez me deportaron, la otra pudimos escondernos con un joven que Dios me puso en el camino, encontramos un furgón abandonado y en el pudimos dormir con un palo para defendernos hasta que aclaró, nunca pensé encontrar a un desconocido tan bueno y respetuoso. Como yo ya conocía esta casa me lo traje y pudimos descansar, pero hoy a medio día se fue y ya no vino talvez ya se fue, dijo que el quería irse por tren porque era más económico. No quiero regresar a mi país porque tengo muchas deudas. Voy en busca de un trabajo porque quiero darles de comer a mis hijos, aunque me duele mucho no verlos pero es mejor a pasar tantas penas.
Violencia contra Migrantes. Cuando llegué a la Casa del Migrante, el martes 27 de mayo de 2003, me sorprendió ver un número elevado de personas, como no es normal los martes, porque el lunes generalmente, viajan los que se han hospedado el fin de semana. Me contaron que al salir del mercado de Tecún Umán, la Policía Nacional Civil había detenido a tres hondureños. El tren, que de Ciudad Hidalgo sale a Tapachula, había cambiado de horario. Los que viajaron un día anterior los habían detenido y deportado. En el tren viajaban cuatro delincuentes que les pidieron dinero por dejarlos continuar su viaje y los que no daban dinero los agarraban y los tiraban del tren como si fueran equipaje. Por todo esto ya habían tomado acciones: Denunciaron el caso de la policía. Sabían a que hora salir de la casa, por el nuevo horario del tren. Y, algunos habían comprado machetes, para hacerles frente a los delincuentes, porque ahora no se iban a dejar. Todos los días se le da al grupo que se hospeda, una plática formativa e informativa, ese día yo tenía el turno. Les hablé de sus derechos, peligros y precauciones. También les hice ver el riego que corrían si portaban un machete y que los confundieran con los mismos delincuentes. Fueron muchas las expresiones que brotaron del grupo, pero para mí las más impresionantes fueron: -¿Cómo es que no pudimos ayudarnos tantos, cuando solamente cuatro nos intimidaron? Hoy estamos dispuestos y si algo nos hacen sacamos los machetes. – Vimos con mucha claridad que los policías mexicanos no combaten la delincuencia como que ellos mismos son delincuentes, ¿Por qué a nosotros si nos detienen y a ellos no? – Si nos confunden con delincuentes que bueno porque nos dejarán pasar. Expresiones y situaciones semejantes vivimos a diario. Los migrantes dicen que la sociedad es muy injusta: -“Nos trata de delincuentes cuando en realidad somos trabajadores pobres con deseo de una vida digna”. Hemos sugerido en otras ocasiones que el fenómeno migratorio necesita un tratamiento humano, donde en cada lugar se cumpla con los derechos mínimos de cada persona
Pasión de Migrantes. Alicia, una madre soltera de 24 años, estuvo durante tres días en la Casa del Migrante de Tecún Umán, en ese tiempo salió por toda la ciudad en busca de trabajo, con la intención de ganar unos quetzales, que le permitieran avanzar paso a paso hasta llegar al norte, nunca encontró; le ofrecían únicamente en cantinas pero no era de su agrado. En su largo caminar, muchas veces no comió, constantemente se acordaba de sus hijos que había dejado con su mamá y que no tuvo el valor de despedirlos. –Quiero trabajar en los Estados, para ayudar a mis hijos a mi mamá y a toda mi familia, como muchos lo hacen, me decía y con los ojos llorosos. Unos delincuentes me tuvieron amarrado en una montaña, después de salir de Esquipulas rumbo a Guatemala, se llevaron a dos primas mías que venían conmigo internándolas más en la montaña, pasado un tiempo, ellas vinieron a desatarme, pero estaban llorando y todas maltratadas, a los delincuentes ya no los vi. Mis primas se regresaron a Honduras y yo sin dinero he llegado hasta aquí, intento cruzar México para llegar a Estados Unidos; voy hacer el intento como muchos que lo han logrado, porque mi familia vive en la pobreza. Esto me contó Jorge, en una entrevista corta que tuve con él. Kevin un guatemalteco estuvo en nuestra casa por varios días, esperando restablecerse de un golpe que se dio en el pié al bajar del tren en que viajaba y que iba en movimiento. Lo mismo le pasó a Luisa, una hondureña que al intentar subirse al tren, resbaló y se dobló el pié; hubo necesidad de llevarla a un hospital para su curación. Cuando se sintieron mejor, cada quien emprendió el viaje de vuelta a su casa.
Me cuenta Wilson: -Encontré en el camino a Rodrigo que como yo me contó que iba en busca del sueño americano, pero después de haberme ayudado, le confié tanto que durmiendo me quitó el dinero que llevaba. Aún así hice el intento de seguir, pero en Lechería, me detuvo la migra que me deportó a El Carmen Frontera por decir que era guatemalteco aunque en realidad soy hondureño, pero quiero intentar nuevamente, por eso estoy aquí, quiero seguir adelante necesito un trabajo que me saque de la pobreza. -Un niño que logró abordar el tren en movimiento, corría sobre el vagón feliz del viaje, intentó brincar al siguiente vagón, no lo logró, y al caer el tren lo mató, miré que un pié fue expulsado, en el momento quise bajarme, pero no pude por la velocidad. En todo el camino pensaba en el niño, momentos antes me había contado que iba en busca de su mamá que estaba en Los Ángeles, como soy rubio fácil paso la frontera me decía, no me acuerdo de su nombre pero me dijo que era de El Salvador. Arreaga creo se llama un lugar de donde me bajé del tren y en lugar de seguir al Norte voy de vuelta a Honduras, no puedo soportar lo que vi. –Relato de Juan Alberto-. Salí de Honduras por la pobreza, rumbo a Estados Unidos y en la capital de Guatemala, hay una venta de comida no muy lejos del parque central, donde trabajé casi un mes. Me levantaba a las tres de la mañana, acarreaba la mesa, la comida, el agua; me llevaban al mercado a comprar cosas para vender, en fin a las siete de la noche, regresábamos a la casa a lavar trastes y a prepararnos para el día siguiente, casi siempre me acostaba entre diez y once de la noche. Cuando pedí que me pagaran, sólo me dieron doscientos cincuenta quetzales, ofrecieron pagarme mil quinientos, pero de eso me cobraron la comida y como dormía en la casa de los dueños, me cobraron hospedaje; ayer que me vine a Tecún, el del bus me cobró cien quetzales, dijo que para darle al policía que me dejara pasar, pagué hospedaje y comida, ya sólo me quedan cincuenta, para llega a Tapachula y buscar otro trabajo, porque aquí caminé todo el día y no encontré. Me llamo Ana, tengo tres hijos en San Pedro Sula y por ellos quiero sacrificarme. Romeo, un señor de treinta y dos años, salió de Nicaragua porque el trabajo que tenía no le alcanzaba para mantener a su familia; llegó a la Casa del Migrante, sin zapatos. Un día antes había llegado a Tecún Umán a las once de la noche, pero como no traía mucho dinero y no conocía, dispuso quedarse en una banqueta del parque. Cuando ya estaba dormido sintió que alguien le quitaba los zapatos, al oponer resistencia lo amenazaron con un cuchillo, no tubo más que ceder y dejar que se los llevaran. ¿No cree usted, que debemos solidarizarnos con el pueblo migrante,
Marí La situación de los migrantes es muy difícil, pero siento que para las mujeres, es aún más. Recuerdo a Marí, una migrante, con quien tuve la oportunidad de platicar varias veces. Cuando llegó a la Casa del Migrante por primera vez, venía muy asustada, preocupada, angustiada; en fin, varias expresiones contrarias a la felicidad. Me platicaba que había salido de Honduras en busca del sueño americano para tener una vida más digna para ella y sus hijos. Que en la capital de Guatemala, un policía la había acosado sexualmente pero por escapar de esa situación, le dio 300 lempiras. Siguió su camino, nunca olvidando además su angustia de madre, al haber dejado a dos hijos pequeños con su suegra. Al llegar a Tecún Umán sin pisto (dinero), llegó a la Casa del Migrante, donde conoció a dos mujeres, que le aconsejaron seguir con ellas en bus; le pareció buena idea, ya que en el tren no quería viajar. Se fue, pero a los pocos días regresó a la Casa, deportada de Oaxaca. Le dije que tuviera cuidado, porque los hombres la querían convencer de irse con ellos en el tren; le decían que la cuidarían, pero a ella le daba miedo porque sabía y estaba segura de que en el tren viajaban delincuentes que violan a las mujeres; era su presentimiento. Bueno, al siguiente día salió y no volví a verla hasta casi un mes y medio después. Muy triste me dijo que había conseguido trabajo aquí en Tecún, en un hotel, que la dueña la trataba como animal, la humillaba, le llegó a pegar, el trabajo muy pesado tanto en casa de la señora como en el hotel. Lo peor fue cuando Marí, le dijo que se iba a regresar para Honduras, que por favor le pagara, la señora se molestó y le dijo que le pagaría cuando ella tuviera dinero, que por lo pronto no se podía regresar a Honduras. Marí insistió porque ya no aguantaba su situación. La señora explotó y muy molesta la sacó a empujones y gritos de la casa y le dijo que si volvía, llamaría a migración, para que la encarcelaran y llevaran a su país. Salió con el ánimo por los suelos. Le dije que levantara una demanda en la Oficina de Derechos Humanos. Así lo hizo, le pudieron ayudar con el problema, le pagaron y decidió regresar a su país. Realmente la situación de la mujer migrante es difícil, siempre hay y habrá personas que ven a la mujer como un objeto que pueden utilizar y cuando no sirve, desecharlo. Pero es importante recordar, que Dios creo a la mujer para acompañar y ayudar al hombre, si esto lo tuvieran presente los hombres, creo yo que no se cometerían tantas injusticias y violaciones en contra de la mujer; aunque no olvidemos que hay muchos hombres EXCELENTES.
Miguel ÁngelMiguel Ángel llegó a la Casa del Migrante el 29 de mayo de 2003, en busca de su hijo Miguel Ángel, un estudiante de secundaria, que en vez de irse a estudiar, emprendió un viaje, que sus familiares se imaginan, rumbo al Norte. La preocupación comenzó cuando su hermana menor con quien iba a estudiar, llegó a la casa al final del día y preguntó a su mamá por su hermano que no lo había visto en la escuela. La madre asustada buscó la mochila de su hijo, sólo encontró los cuadernos debajo del colchón de su cama y se dio cuenta que había llevado algo de ropa. La familia preguntó y lo buscaron por todos lados. No encontraron nada. Es cuando, Miguel Ángel padre, emprende el viaje, desde Chinandega, Nicaragua y preguntando por todos lados, sólo ha obtenido dos noticias, una, que a la salida de su pueblo lo vieron caminando a pie con su mochila al hombro (señal que no tiene dinero) y otra, en la frontera Nicaragua - Honduras una señora que vende comida en la calle, dice que lo vio y que le pidió de comer. Revisé el libro de registro que llevamos en esta oficina y no está su nombre. – Se puede imaginar –me dijo- cómo se siente mi mujer, este domingo que viene se celebra en Nicaragua el día de la madre y yo de aquí me regreso ya no tengo dinero, no sé dónde buscarlo y mi familia me espera.
José AntonioJosé Antonio Matías de 15 años originario de Ocotepeque, Honduras, llegó a la Casa del Migrante el 27 mayo de 2003, con intención de cruzar la frontera y llegar a Estados Unidos, estuvo haciendo amistad con los demás migrantes esperando el momento de acompañarse con alguien de confianza y la salida del tren, después de almuerzo partieron para Ciudad Hidalgo, México. El 29 llegó nuevamente deportado, pero comentando que la próxima vez lograría lo que quiere porque su familia necesita de la ayuda de él, el sábado 30 por la tarde, ayudó en los oficios de la casa. Para esperar el tren del lunes. El 31 por la tarde llegó el papá en busca de su hijo. ¡Sorpresa cuando lo vio entrar! Caso especial. Que yo recuerde, en seis años es el primer padre que llega a la casa y encuentra a su hijo, a unos sólo les hemos dicho que pasó tal día, pero a otros ni una pista les hemos dado cuando vienen a buscarlos.
Conversación de Mardo y Javier. Estaba arreglando el cable de un televisor, cerca del área de descanso de los migrantes, cuando me llamó la atención la conversación de dos jóvenes que habían acaparado la atención de un grupo como de diez personas, que después averigüé que eran primos y originarios de Gracias, Lempira, Honduras: Mardo Muñoz Molina y Javier Muñoz Castro. Habían dormido hace quince días, entre unos matorrales cerca de la línea del tren en Ciudad Hidalgo, Chiapas, México, frontera con Tecún Umán, Guatemala. No conocían nuestra casa, hubiera sido mejor dormir aquí. Tuvieron que esperar el momento oportuno para correr, cuando el tren pasara y abordarlo en movimiento. Un momento antes un grupo de delincuentes los había asaltado, les quitaron los zapatos y buscaron entre sus pertenencias algo que les gustara y se lo llevaron, también un poco de dinero que llevaban en una billetera, les dejaron la mayor parte que llevaban escondido en su mochila vieja y rota a propósito. Mardo (el que más hablaba): -En el tren viajaban cuatro mareros o pandilleros, a todos les pedían dinero, para dejarlos seguir viajando, los que no daban, los tiraban y se veía que el golpe que recibían era duro porque unos no se levantaban, aunque yo llevaba pesos les di los últimos cinco quetzales que tenía y me los recibieron, los demás estaban dando pesos, unos más, otros menos. Javier. – Yo no les di, sólo me fui al otro lado cuando discutían con un compañero. Durante el viaje, esto fue lo más molesto, porque muchos de los que se quedaron en el tren estaban preocupados por sus amigos que habían tirado y además el acoso que sufrían muchas mujeres. Cuando llegaron a Arreaga, los copó un cuerpo policiaco; a los mareros no les dijeron nada, a muchos migrantes los detuvieron; uno no quiso bajar de un vagón y le pegaron con un palo en una pierna, por el dolor tuvo que bajar y cuando estuvo cerca uno de los agentes le dio una patada bien fuerte que se retorcía de dolor en el suelo, a la vez que con palabras los ofendían. Por un incidente que se provocó con otro grupo mayor, desatendieron a los que estaban con el que habían golpeado y estos pudieron correr y escaparse. Después de pasar hambre, frío y no tener donde dormir, fue formándose otro grupo viajando a pié y en autobús, y el golpeado empezó a quejarse de dolor en un testículo que lo llevaba bien inflamado por la patada que le dieron, muchos le ofrecieron alguna pastilla, pero no fue suficiente. Con mucha dificultad llegaron al Distrito Federal, y, andando por una calle comiendo algo que les habían regalado, los detiene una patrulla, que los condujo a unas oficinas y donde estuvieron bien custodiados. Como a las tres de la tarde se llevaron a Walter, que así se llamaba el golpeado, para que le dieran atención médica, mientras que los demás permanecieron en una cárcel. Al tercer día los deportaron; en el autobús se volvieron a reunir con Walter, que por la situación en que se encontraba, pedía ciertas consideraciones, pero cuanto más pedía, más lo trataban mal, él sacó la receta y los medicamentos que necesitaba tomar, para que le creyeran, pero uno de los que custodiaban, le quitó todo y lo tiró por una ventanilla. Muchos al ver esa actitud, protestaron, pero sólo sirvió para que los trataran con palabras bajas.
Mardo y Javier por decir que eran guatemaltecos, los dejaron en el Carmen, pero a Walter se lo llevaron a la frontera de Honduras en condición delicada.
EL TREN, AMIGO Y ENEMIGO.
El TREN, fue mi único amigo, no sólo mío, sino de muchos más que buscan lo mismo que yo; es un testigo mudo de nuestras necesidades (hambre, frío, sed, protección), en un camino desconocido para nosotros y recorrido muchas veces por él, nunca dice nada porque otros y yo vamos encima, es a veces el único que me da jalón para poder lograr mi meta, pasando por pueblos, puentes y veredas.
ARRASTRÁNDONOS COMO CULEBRAS Dios siempre estuvo conmigo, es la frase más escuchada por los migrantes en nuestra Casa, muchos nos cuentan los problemas que han pasado en su camino, esta vez quiero compartir la historia de dos jóvenes: Héctor y José, hondureños, ellos no nos contaron su historia, en 6 hojas José llevaba el diario de lo que vivía junto a su amigo Héctor, con la finalidad de enviárselo a María, su esposa que se había quedado en Honduras cuidando sus hijos. Su última nota dice: - “Mi amor, dile por favor a mi madre y a mi padre que perdonen que no me haya despedido de ellos, que los llevo siempre en mi corazón, que no se preocupen por mí, que estoy bien y tal vez regrese pronto a reunirme con ellos, la historia no está completa, pero te escribo un poco de mis sufrimientos espero que siempre estés asistiendo a las cosas de Dios con mis hijos, por favor cuídalos, háblales de mí, del Negro José. LOS AMO”.
PESADILLA DE UN MIGRANTE. Todos los días, en nuestro trabajo escuchamos historias de lo que sufren los migrantes en su intento de llegar al Norte, algo nos contaba José Alexander, pero mejor le pedimos que él escribiera lo que había vivido: “En mi vida nunca imaginé lo que viviría en mi camino hacia el norte; me doy cuenta de lo triste que es ver el dolor de mis hermanos, ahora yo lo viví en carne propia, porque si todos somos humanos e hijos de un mismo Dios que ante él no existe preferencias, por qué para las autoridades, ladrones si las hay. Historias como ésta, tenemos a diario y muchas. El 23 de febrero nos visitó José Luis Soberanes, Presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos de México, se expresó ante un grupo de migrantes que su institución se encarga de velar por el respeto de todas las personas no importando su nacionalidad, después de su discurso varios denunciaron los abusos que los elementos de las diferentes autoridades policíacas del estado mexicano cometieron en su contra; esperamos que al escucharlos tan espontáneamente, haga algo por evitar que en su país se sigan cometiendo violaciones a los derechos humanos, principalmente de los migrantes.
“AMIGO” “Tú eres mi hermano del alma realmente el amigo, Estamos en la culminación del primer año del nuevo siglo, conviviendo en la Casa del Migrante con hombres, mujeres y niños de distintos lugares, edades y costumbres, con diferentes razones por las que deciden viajar en busca de una vida mejor o en ciertos casos por aventurar. Muchos de ellos cuentan parte de la historia de su vida, en algunos casos son historias similares, pero otras son historias que invaden los sentimientos de quienes las escuchan. En esta ocasión hablaremos de David Franco un niño de 14 años el mayor de 6 hermanos, de origen salvadoreño, un jovencito que llegó a esta frontera y a la casa en compañía de dos amigos mayores que él, no por el deseo de cruzar hacia el norte, sino por estar al lado de su amigo “William”, en quien encontró un amigo, un padre, un hermano; le brindo amor, cariño, cuidado y comprensión. -“Un día tomé la decisión de salirme de mi casa, por el trato que me daba mi padre y mi madrastra, lo que pasó fue que uno de mis hermanos menores me acusó de haberlo golpeado y mi papá me castigo, me enviaba al molino, al mercado, a recoger leña, maíz y a rellenar los agujeros con tierra, por ser el mayor me decían que lo hiciera todo yo me agotaba físicamente. Un día mi padre me dijo que le llevara una tabla que estaba cerca del televisor, pero la tabla era muy gruesa y pesada cuando quise bajarla para llevársela el peso fue mucho y lamentablemente no la aguanté por lo que le cayó al televisor que se quebró y con esto tuvo para seguirme castigando, me golpeó a patadas, la cabeza contra el poste, incluso agarró un machete y me quiso pegar, le dije que no lo hiciera, pero él con malas palabras me dijo que me fuera de la casa y no volviera. Así fue como me salí, sólo con la camisa en el lomo (hombro), busqué a mis amigos en un lugar que se llama San Marcos de San Salvador y por medio de ellos conocí a William y no lo pienso dejar porque él me quiere y me protege. Con el vine con el me voy. Mi primer trabajo fue de vender dulces. Con los primeros centavos que gané me compré ropa y zapatos, y le regalé un ventilador en el día de la madre a la señora de la casa que me brindó techo cuando salí de la mía como forma de agradecimiento, después trabajé en los microbuses de cobrador, donde ganaba de acuerdo al día, de 70 a 80 colones y pagaba cuarto con otro amigo. William y el otro compañero con quien ando también trabajan en los microbuses”. Ahora ellos ya regresaron a El Salvador a seguir su vida, pero David no regresará con su familia, sino se quedará con William, dice que los irá a visitar pero no volvería a su casa para vivir con ellos. Por eso como padres debemos de pensar antes de traerlos al mundo, ¿Qué les vamos a ofrecer?: Si una vida de paz y tranquilidad o una vida con regaños y malos tratos, es cierto que no debe faltar una llamada de atención pero no a voces altas y cinturones en las manos porque con esto llegamos a empujarlos a que se alejen de casa y emigren en busca de otros lugares y en busca de amigos de la calle, no basta vivir con una pareja y traerlos al mundo para que vengan a ser parte de nuestra difícil situación, llevémoslos de la mano y caminemos juntos. Seamos parte de esta familia, colaboremos con nuestr@s herman@s migrantes.
MI CAMINO FUE CORTO, Salí de Tegucigalpa, Honduras el 15 de febrero de 2002, mi viaje lo hice por tierra llegué el 16 de este mes a El Salvador, dormí en el parque de la capital. Al día siguiente crucé Guatemala, iba con suerte, logré llegar hasta el río Suchiate, frontera con México, en Tecún Umán un camarero (persona que conduce balsa construida con neumáticos y madera) me cobró 150 pesos mejicanos por cruzarme el río, enseñarme el camino y tomar el taxi que me llevaría a la ciudad de Tapachula. Decide salir a las 7:00 p.m. Para Huistla, y esa misma noche me atrapó la migra en la Arrocera. Me llevaron hasta la frontera de mi país, Aguas Calientes a las 12:00 de la noche, pero antes me quitaron todo el dinero que cargaba y algunas pertenencias. Estando allí no quería volver a mi pueblo porque había empeñado mi moto y mi casa, sólo para que me quitaran el dinero fácilmente. Me imaginé que el camino fuera largo, pero nunca como una pesadilla, ni que yo sería buen bocado. En ese momento de soledad pensé “¿PARA QUÉ ASUSTARME DEL TIGRE? - QUE ME COMA, SI LOS LADRONES Y AUTORIDADES YA ME PELARON”. Ahora debo trabajar para recuperar lo perdido y para ayudar a mi familia, voy a intentarlo de nuevo, seguí caminando por la carretera sin luz, sin haber comido nada y con frío. Después de haber caminado largo rato a lo lejos vi una luz, llegué a un pueblecito de Guatemala donde había personas humildes y pobres, me acerque a ellas para preguntarles - ¿Cuánto me hace falta para llegar a la capital? ¡Mucho! ¿Pero usted de dónde viene y hacia dónde va? - Voy hacia el Norte. - Pero el Norte está muy lejos y peligroso. - Cierto ya lo viví en carne propia, pero debo recuperar mi casa. En fin, llegué nuevamente a Tecún Umán y en el parque unas personas invitaban a trabajar en fincas de México. Me llevaron a la colonia Los Cocos donde trabajé ocho días y sólo me pagaron 50 pesos, por no ser mejicano. Me fui de la Finca caminé 3 días, llegué a Puerto Madero, para viajar en tren, pero ese día no salió y tuve que estar subido en un palo durante dos días mientras el tren volvía a pasar, en ese lugar la migra me vio y empecé a correr, me metí en una charra (autobús) a los tres días llegué al Distrito Federal, allí si me agarró la migración. Me metieron a la cárcel, donde sólo me dieron durante 10 días, pan con agua y existía servicio de baños.
El papá murió hace dos años de cáncer y su mamá tiene marcapaso, pero ahora se quedó cuidando a los tres hijos de Gladis y otra hermana de doce años. Salieron de su casa el dos de junio a las dos de la mañana, llegaron a Ocotepeque a las cuatro de la mañana, donde las detuvieron, les dijeron que a esa hora y en ese lugar, andan sólo las que se prostituyen; las tuvieron en el cuartel detenidas todo el día. A las diez de la noche se las llevaron a un hotel y pagaron un cuarto para cada una y les dijeron que si querían pasar la frontera tenían que acostarse con ellos, pero ellas no se separaron, y como se negaron rotundamente a sus intenciones, les dijeron que el otro día a las siete de la mañana las regresarían para su pueblo, pero se salieron antes que llegaran los policías. El martes temprano fueron asaltadas por mareros; y al querer pasar la aduana de Agua Caliente en el lado de Guatemala, las ofendieron diciéndoles catrachas corruptas, ustedes a prostituirse van, o nos dan cien quetzales cada una o se acuestan con nosotros. Dispusieron regresarse. Encontraron a un trailero hondureño a quien le contaron sus necesidades e intenciones. Arriesgando pero con buen corazón las ayudó. Transportaba verdura y cuando pasó a revisión ellas iban escondidas en la cabina, tardó una hora haciendo los trámites necesarios, sudaron mucho, estuvieron a punto de salirse, pero al fin llegó el trailero. A las tres de la tarde emprendieron el viaje a la capital de Guatemala a donde llegaron de noche, él les dio comida y les dijo que si querían dormir en el furgón era mejor que salir a la calle. Durmieron incómodas pero seguras. El miércoles, pidieron dinero por la ciudad y un señor se las llevó a su casa, su esposa les dio comida estuvieron con la familia, durmieron en su casa y el jueves temprano viajaron para Tecún Umán. Al llegar a la terminal muchos se les acercaron ofreciéndoles cruzar la frontera a cambio de acostarse con ellos. Abandonaron el lugar, buscaron la iglesia para pedir ayuda, encontraron al padre Ademar que se las trajo a la casa. Aquí nos contaron sus penas y lo difícil que ha sido para ellas estos cuatro días, la primera etapa de su viaje que muchos hacen en un día. Blanca Flor Mejía. Una migrante de la comarca de La Calera, Palacagüina, Madrid, Nicaragua, madre soltera de 22 años, con el trabajo que hacía de escoger café de lunes a viernes, y su papá como celador del almacén aportaban económicamente para que la mamá administrara el mantenimiento de la familia (ocho hermanos y su hijo de de tres años). Tiene título de maestra y estudiaba psicología en la Universidad (Unival) los sábados de 8:00 a 13:00 h. Así me contó su historia: -Una tarde llegó a la casa una tía que entre pláticas de distintos temas, me contó que buscaban a alguien para trabajar en la ciudad de Guatemala, en una guardería infantil, o CDI como le llamamos. Me agradó la noticia y me comuniqué con la señora. Las garantías y ventajas fueron de confianza y con gastos pagados hasta el lugar del trabajo. A la hora del viaje; cuatro éramos las mujeres con el mismo destino y otra la señora responsable de llevarnos, más adelante el responsable fue un hombre. Después de un largo viaje, llegamos a la ciudad y el hombre que dijo llamarse Miguel, nos entregó con otra señora que dejó a dos en su casa, de las que ya nunca supe, y a dos nos llevó a una calle donde llegó un automóvil con otra señora que no parecía ser encargada de una guardería, su aspecto era recio y seco, y que nos condujo con rumbo desconocido. Estos movimientos fueron muy rápidos, que me causaron desconfianza. Nosotras en los cojines traseros y la señora platicando con el piloto; su lenguaje no me pareció de buena educación. Finalmente el auto se detuvo frente a una casa con letrero un que decía La Casa Rosada, nos bajamos y entramos. Mañana –dijo la señora- platicamos del trabajo, por hoy descansen y no la vimos más. Me sorprendió ver a muchas mujeres con poca ropa y conversando con hombres, en un ambiente con luces de colores y con mezcla de olor a humo de cigarro, cerveza y aguardiente. Nos condujeron a un cuarto apartado en el segundo nivel, un trabajador después de indicarnos algunos pormenores de la habitación, preguntó si ya habíamos cenado, como le dijimos que no, volvió en pocos minutos con comida, Amalia mi compañera si comió pero yo no quería nada, de la impresión y de lo desconcertada que estaba no sentía hambre. La noche avanzaba y no podíamos dormir, dispusimos inspeccionar el lugar porque queríamos salirnos, encontramos dos cilindros o toneles para subirnos a la terraza; pero estaba muy alto para brincar, además tenía cerca de alambre electrizado. Todo estaba en silencio. Volvimos al dormitorio, nos recostamos, sudamos, lloramos; nos levantamos. Ya había aclarado, dispusimos arriesgar hasta lo imposible por salir, subimos las maletas a la terraza y las tiramos a la casa vecina, por la calle pasaba un señor, le gritamos para que nos ayudara, pero nos vio con indiferencia. Yo recibí tres toques de la cerca cuando quise pasarla. Ya sin las maletas, desilusionadas, pensamos actuar con tranquilidad, barrimos un pasillo que estaba sucio con colillas de cigarro, y esperamos cerca de la puerta que daba a la calle y dejamos a mano un garrote, las horas se nos hacían interminables. Aproximadamente a las 7:30 de la mañana, se oyó que introducían un llave y abrieron la puerta, era una mujer de aspecto agradable, con quien pudimos intercambiar algunas palabras: -¿Qué tal amanecieron? ¿Hicieron algo de dinero? -Si, madrugamos, barrimos este pasillo. –Ya me di cuenta, muchas gracias. –Quisiéramos comer algo tenemos hambre. –Salgan y caminado a la derecha encontrarán un comedor y regresen luego, cuando venga la señora no le digan que ya comieron. –Está bien gracias. ¡A correr! ya estábamos libres, no necesitamos usar el garrote, habíamos pensado llamar a la casa vecina para pedir nuestras maletas, pero ahora lo que queríamos era estar lejos, preguntamos por una iglesia católica, llegamos a la parroquia de San José Obrero, el padre nos envió en carro a la Casa del Migrante donde nos atendieron y pudimos descansar. De Amalia no le puedo contar más, creo que se regresó a Nicaragua; yo fracasada y como una carga para mis papás, no, quiero ayudarlos y sacar adelante a mi hijo, he decidido llegar a Estados Unidos, me iré despacio como hacen muchos, trabajando de pueblo en pueblo.
Renato Cuando volvió a Ciudad Hidalgo, un triciclero le cobró 10 dólares por llevarlo a la ribera del río Suchiate, donde un camarero (balsero) le pidió cinco pesos mexicanos para cruzarlo por el río y ponerlo en suelo guatemalteco, consultando sus bolsillos accedió y emprendieron la travesía. En medio río el camarero se detuvo y le dijo: -Si no me das trescientos pesos aquí te dejo. Intimidado de esta forma y sin conocer el río, le ofreció los últimos 20 dólares que tenía. Al llegar a la otra orilla se bajó desconsolado, donde un triciclero de Tecún Umán, luego le ofreció sus servicios por veinte quetzales, pero como no tenía convinieron en 15 pesos mexicanos por llevarlo a la Terminal. En la salida de la ribera un policía le dijo que se identificara; sacó sus documentos y por ser salvadoreño, le dijo que debía estar seis meses en prisión por andar sin permiso en Guatemala; pero con mil quetzales, le daba libertad. Renato platicó con el triciclero y le dijo que si le daba prestados 500 quetzales se los devolvería en la ciudad, donde podía retirar dinero del banco; dijo que sí, entonces volvió donde el policía para ofrecérselos, pero no aceptó, negoció su libertad por 800 quetzales que con aporte de otro triciclero logró reunir. Cuando lo llevaban rumbo al banco le iban diciendo que eran dos mil quetzales, por el favor. Cuando salió con el dinero, se subió a uno de los triciclos y le dijeron que les pagara donde no hubiera mucha gente, el comprendió, pero cuando vio que lo estaban separando mucho del pueblo, les dejó mil quetzales y se brincó corriendo en dirección contraria, pero le gritaban y lo perseguían, al fin pudo escaparse. Alguien al darse cuenta de lo que le pasaba, le dio protección, y nos llamó por teléfono a la Casa del Migrante; fui a buscarlo para apoyarlo, no quería hablar, hasta que se aseguró de que lo quería ayudar. Me contó lo sucedido, pero dijo que no quería denunciar el hecho porque tenía entendido que en Guatemala hay muchos policías involucrados con la delincuencia. Me dijo que estaba muy agradecido con el señor que le había abierto las puertas de su casa, que además, ya le había ofreció pagarle su viaje de vuelta a su país y me siento bien porque les conté lo que me pasó !Como que he vuelto a nacer¡ Por eso le puse Renato. Ofensa sin merecerlo “Hola, soy un migrante nicaragüense que se encuentra albergado en la Casa del Migrante de Tecún Umán, y quisiera compartir la historia de cuando fui deportado: Me encontraba en un lugar de Chiapas, no se exactamente dónde, pero me dirigía a rodear una garita de migración cuando paso una patrulla con tres elementos. Me detuvieron, me insultaron, diciéndome que sólo los perros mendigaban y que yo era uno de ellos, me subieron a la patrulla y me llevaron a una celda como si yo hubiese sido un delincuente. Era espeluznante ver como ese lugar era sucio, húmedo, con olor nauseabundo y sin saber cuando podría salir de allí. Me tuvieron encerrado como tres días y me deportaron junto a otros compañeros; todos les pedíamos algo de comer y no accedieron ni con un poco de agua. Fuimos llevados hasta la frontera de Talismán, y ni un solo momento dejaron de burlarse de nosotros, dijeron que no lo volviéramos a intentar porque nos agarrarían y entonces conoceríamos el infierno con ellos. Nos bajaron del autobús, se sonrieron y nos dejaron en libertad. Yo no quisiera pasar por la misma situación, pero mi necesidad es mayor a todo tormento y volveré a intentar cruzar las veces que sean necesarias, gracias a Dios contamos con el apoyo de muchas Casas de Migrantes donde nos pueden ayudar…” Con hambre y desprecié la comida. “Yo soy una persona aventurera y muy soñadora, y mi ilusión de llegar a los Estados Unidos es mayor a cualquier meta que me haya trazado. Un día cuando yo me encaminaba a rodear una garita de migración en Huixtla, Chiapas, México, fui interceptado por cuatro elementos que con palabras obscenas me encaminaron hasta la patulla donde se conducían y en donde se encontraba abordo otro migrante como de 60 años aproximadamente. Nos llevaron hasta una garita de migración antigua, nos pidieron que nos acostáramos en el piso, empezaron a patearnos y a insultarnos. Yo no sabía porque me golpeaban, les pedía una explicación y no supieron dármela, mientras el señor de avanzada edad les pedía que no lo fueran a violar otra vez. A mí, eso me parecía extraño, tenía mucho miedo; pero ellos sólo seguían golpeándome. Después de un rato nos pidieron que nos subiéramos de nuevo a la patrulla, nos llevaron a un centro de detención de migrantes para ser deportados; me ofrecían de comer y yo tenía mucha desconfianza porque ellos en ese lugar se portaban muy amables después de la paliza que me dieron; no consumí nada en ese lugar y espere hasta que fui deportado a Guatemala, llegué a esta casa donde me brindaron el apoyo que necesitaba, ahora quiero volver a intentar cruzar; pero voy a ser más cauteloso”. Naún Ramírez Coello Un ángel en triciclo. “Soy salvadoreña, casada, con dos hijos y una hija, mi esposo tiene una hernia y ante las vicisitudes de la vida y tantas necesidades, platicamos con él, que yo debía emprender el viaje a Estados Unidos; se lo contamos a nuestros familiares y encontramos el apoyo necesario, un mi cuñado que está en Los Ángeles ofreció ayudarnos con algo de dinero para el viaje. Después de todos los preparativos llegué a Tecún Umán en compañía de mi mamá y mi esposo, donde alguien nos había recomendado un coyote que por medio de teléfono nos comunicamos y el vino por mí al parque de esta ciudad, me despedí llorando y me cruzó por el río Suchiate a Ciudad Hidalgo. Al día siguiente mi cuñado ya había depositado mil dólares como anticipo para mi traslado a Estados Unidos. A los ocho días el coyote llama diciendo que ya estábamos en Tijuana y que el otro día cruzaríamos, pero que necesitaba dos mil dólares más para hacer los pagos de hotel y de cruce de la frontera. Mi cuñado esperó en el lugar indicado y no llegamos; dos días más y otra comunicación, tampoco llegamos, otra semana después y dos mil dólares más sin poder pasar. Yo también me comunicaba con mis familiares, por medio del teléfono que me prestaba el coyote. Así pasaron dos meses con veintitrés días, hasta que pude escaparme del cautiverio donde me tenía el infame, que seguía estafando a mi gente y abusando de mí. Nunca llegué a Tijuana, pero bajo amenazas, hice creer a mi esposo y mamá que ya estaba a punto de cruzar. La mamá del coyote también ayudaba a cuidarme y en varias ocasiones me gritaba si permanecía mucho tiempo en el patio de la casa o en el baño. Una mañana, que éste salió y llegaron a buscar a la señora, vi de pronto la oportunidad y corrí hacia la puerta que daba a la calle, creo que no se dio cuenta porque hubiera salido en mi persecución. Me sentía nerviosa y débil, porque no comía ni dormía bien, me confundí entre la gente de un mercado y me senté cerca de una señora que vendía no sé qué; le conté algo, se asustó; me dijo que confiara en ella que era guatemalteca sabía como regresar, me dio diez pesos mexicanos, me orientó como debía atravesar el río para llegar a Tecún Umán y que no tardara que me apurara. Después de cruzarlo con tanto nerviosismo, llorando y sintiendo que me perseguían, un triciclero me trajo a la Casa del Migrante sin cobrarme, aquí ya me siento más tranquila y libre de las ofensas, pero no sé que siento tener que volver con mis hijos y mi esposo, porque estoy bien maltratada, creo que debo ver un médico; gracias por escucharme, por lo que me dicen, por ayudarme y por el boleto de vuelta a mi país”. Carmen No es raro oír, cuando entrevistamos a los y las migrantes que llegan a nuestra casa y nos digan que andan con la Biblia dentro de su mochila. Otros conocen y se memorizan algunos versículos que a mi juicio, son el sentir de sus necesidades. Le arreglaba un pequeño desperfecto al televisor que está ubicado en el área de descanso de los migrantes y a la vez escuchaba una conversación: –En América, decimos que el país que nos lleva la delantera es Estados Unidos y por eso queremos llegar a ese lugar. –Si, pero ahora sus gobernantes se han dado a la tarea de ponerle un muro a toda la frontera que colinda con México, porque no quieren que nosotros sigamos entrando. –Van a dejar una región donde podamos pasar. –Dios nunca desampara a sus hijos, especialmente cuando se da cuenta que nuestras intenciones, no son otras, que darle de comer a nuestra familia. –Esta historia se está repitiendo, ¿han leído la Biblia? –Jericó hizo lo mismo y los muros se derribaron. Además no se les olvide que Dios dijo que nosotros somos la sal de la tierra y la luz del mundo. No es posible que nos quedemos con los brazos cruzados, cuando tenemos una misión que cumplir. Después de oír esos comentarios, consulté La Biblia y en efecto encontré lo que alguien de tantos mencionó: “La toma de Jericó. Los habitantes de Jericó habían cerrado la ciudad y puesto sus cerrojos para que no entraran los israelitas: nadie entraba ni salía. Pero Yavé dijo a Josué: “Te entregaré la ciudad,…” (Josué 6, 1-5) “Sal y luz de la tierra. Ustedes son la sal de la tierra. Y si la sal se vuelve desabrida, ¿con qué se le puede volver el sabor? Ya no sirve para nada sino para echarla a la basura o para que la pise la gente. Ustedes son la luz para el mundo. No se puede esconder una ciudad edificada sobre un cerro.” (Mt 5,13-14) Dios no puso fronteras entre los pueblos, lo entregó todo al hombre para que tuviéramos vida, las injusticias de los gobernantes y de los pudientes tienen sumido a este pueblo en la desesperación y la pobreza. La frontera de la pesadilla Hola soy Silvia, me encuentro albergada en la Casa del Migrante de Tecún Umán, donde me han prestado mucho apoyo y a donde llegué por esta razón: Un día Lunes aún lo recuerdo, venía acompañada de otra joven y cuatro compañeros más, todos con la ilusión de llegar a los Estados Unidos, yo quiero ayudar a mi familia y sé que lo voy a lograr, porque no me rindo y siempre voy para adelante. Ese día al llegar a esta ciudad fuimos interceptados por dos elementos de policía y dos soldados, estos últimos fueron imparciales, pero los policías quisieron aprovecharse sexualmente de mí y económicamente de todos, pero uno de mis compañeros no soportó las imprudencias y los agredió verbalmente. Entonces se armó un problema entre ellos y nosotros, hasta el punto de llegar amenazarnos y apuntarnos con las armas, los policías se llevaron a nuestro compañero bajo un delito que no había cometido y que su único error era no estar conforme con la actitud que tomaron. Nosotros corrimos detrás de la patrulla para evitar que lo lastimaran, logramos llegar a la subestación en donde ciertamente, estaba detenido; casi inconciente y con un mal semblante; los policías simplemente dijeron que estuviéramos tranquilos que él sería juzgado y que a nosotros nos buscarían un refugio; así que fuimos conducidos a esta Casa del Migrante, donde denunciamos el hecho ocurrido, fuimos apoyados en todo momento durante cuatro días hasta lograr comprobar la inocencia de nuestro compañero. Ahora doy gracias a Dios, porque aún existe gente buena que presta ayuda en el camino, y por haberla puesto en el nuestro. Gracias personal de la Casa del Migrante. Somos una familia salvadoreña de cinco integrantes, estamos en la Casa del Migrante apoyando y recibiendo apoyo, nuestra estancia es muy placentera aunque pronto partiremos. Nos preocupa volver a caer en el engaño, llevando con nosotros a nuestros hijos. Un día, por la situación de nuestro país, nos vimos en la necesidad de venderlo todo y buscar otro sitio para vivir, porque realmente la vida en El Salvador es difícil y el ambiente violento, y no queremos eso para nuestros hijos. Así contratamos un guía para que nos llevara a los Estados Unidos o México, para ver si allí podíamos asentarnos. Al llegar a Tecún Umán, el guía, nos cambió de un hotel a otro, nos llevó a uno de mejor calidad y nos dejó abandonados, sin haber pagado la cuenta y sin dinero para pagarlo; estuvimos cuatro días así, porque los trabajadores del hotel no nos dejaban salir hasta cancelar lo que debíamos. Entre los trabajadores, unos muy buenos que nos regalaron comida para nuestros hijos, mi esposo y yo estuvimos muy contentos, porque nosotros podíamos aguantar, pero los niños no, ellos lloraban por leche y comida y nosotros no teníamos dinero y tampoco nos dejaban salir. El cuarto día, uno de los empleados se compadeció de nosotros, nos abrió la puerta muy temprano y nos dijo que tendría problemas por dejarnos ir pero que entendía la circunstancia en la que nos encontrábamos. Salimos del hotel, un triciclero nos regaló comida, y entre la plática nos comentó de la Casa del Migrante a la que nos condujo. Ahora estamos seguros, resolviendo nuestro problema y con la intención de buscar estabilizarnos. Familia Coreas Flores. Al borde de la muerte Hola soy salvadoreña y me encuentro en la Casa del Migrante ya recuperada, les voy a contar mi historia: Llegué un lunes a las 6:00 de la mañana a esta casa, casi muerta porque acababa de cruzar hacia el lado mexicano a donde llegué muy exhausta, me detuvieron y fui deportada. En el transcurso de la espera para ser deportada, me enfermé de una tos crónica, yo soy asmática, estaba débil y eso era mucho más complicado, nadie estaba conmigo para cuidarme, sólo le pedía a Dios que me ayudara a llegar a un lugar donde pudiera descansar. Cuando llegué a Tecún Umán, no sabía qué hacer ni a dónde ir, me sentía morir y no podía caminar; pedí algunas indicaciones de dónde podían ayudarme y entonces encontré la Casa del Migrante, toque el timbre y tan pronto como abrieron la puerta me pasaron a descansar sin averiguar más. Me brindaron atención médica, hospedaje y comida, hasta cuando estuve mejor; ahora voy de regreso a mi país aunque no descarto la posibilidad de intentar cruzar de nuevo, porque la vida se torna cada día más difícil y tengo que ayudar a los míos. Sonia La oficina donde trabajo en la Casa del Migrante, está cerca del área de descanso de las mujeres; un día viernes me llamó tanto la tención, que desde la mañana, cada vez que tocaban el timbre, Cárol, una migrante que aquí se hospedaba, salía a ver desde lejos y con ansiedad, quién llegaba, se paraba con las manos en la cintura o en la cabeza, a veces se llevaba una mano a la boca; de repente con determinación se regresaba cabizbaja. Me causó curiosidad, y una de tantas veces que sonó el timbre y ella salió como a las tres de la tarde, también salí de mi oficina y entablamos conversación, le pedí que entrara y ya sentada me contó: – “Soy la mayor de tres hermanos, tengo dos hijitas una de ocho y otra de dos años; inicié estudios en administración de empresas, pero no los concluí; ayudaba a mi mamá en los quehaceres de la casa mi papá trabaja en el manejo de los deshechos sólidos del hospital de Managua, Nicaragua. Siempre he pensado en el futuro de mis hijas, preocupada porque no tengo trabajo y por lo poco que mi papá gana y no nos alcanzaba para vivir, en una ocasión le dije a mis papás que iba por el “Sueño Americano”, no conformes me persuadían a que dejara esa idea, pero de ver mi insistencia, una día aceptaron con la condición de que me acompañara mi hermano menor. Preparamos el viaje, nos hicimos de algún dinero, hablamos con un coyote y fijamos la fecha de partida; ese día nuestros familiares llegaron a despedirnos a la casa, fue un jueves 10 de abril, todos llorábamos, mis hijas siempre a mi lado, qué dolor, y completó la escena triste la llegada de mi abuelita con unos aguacates para que comiéramos en el camino. Éramos diez los que veníamos con el coyote, pero en San Salvador, nos dijo que se iba a regresar porque a su mamá le había dado un infarto, después averiguamos que era mentira; ya no supimos de él y el grupo se dividió, unos seguimos porque nos dieron un mapa con la ruta por El Petén y otros se regresaron. En el camino nos fuimos desintegrando y cuando llegamos a Santa Elena Petén, ya sólo íbamos los dos con mi hermano, con hambre y sin dinero; nos dijeron que en el parque un señor daba unos tiques para ir a un comedor, pero que costaba encontrarlo y solamente daba uno por persona; al fin lo vimos y nos dio uno cada uno, lo que hicimos con mi hermano fue que sólo cobrábamos uno, comimos y guardamos el otro para el otro día. Estando en este lugar pudimos pedirles dinero a nuestros familiares y yo me puse a trabajar en un comedor, el primer día, le dije a la señora que andaba con mi hermano y que le iba a dar de la mitad de comida que me correspondía y así lo hice. El otro día también mi hermano encontró trabajo; por la noche se acercó a nosotros una salvadoreña en las mismas condiciones, nos causó desconfianza, pero al ver que lloraba le ofrecimos que durmiera con nosotros y durante cuatro noches los tres compartimos una cama, la quinta noche ya no llegó a dormir y nunca más la vimos. Cuando nos llegó el dinero que nos enviaron y el que ganamos (que fue poco porque creo que nos estafaron) decidimos seguir. Cuando llegamos a El Naranjo, todos se nos quedaban viendo y nos querían convencer para atravesar la frontera; nos dio tanta desconfianza que decidimos cambiar de ruta y buscar Tecún Umán. En tres días de viaje ya estábamos aquí; estuvimos dos días en esta casa, que fue suficiente para descansar, esconder el dinero que llevábamos y averiguar sobre lo que debíamos hacer. Una mañana salimos rumbo al Norte, cuando llegamos a la rivera del río Suchiate, antes de subir a la balsa se nos acercó una mujer policía (la primera autoridad que se cruzaba por nuestro largo camino) nos pidió cien quetzales por cada uno, sólo le ofrecimos diez por los dos, y nos dijo que con eso no nos dejaba ir su jefe; y llamó a otro policía, nos estuvieron intimidando, pero nosotros les dijimos que no teníamos más, que nos registraran; pero no lo hicieron talvez porque había mucha gente pasando, al final nos dejaron ir sin darles nada. Cruzamos al lado mexicano por el río y después de unos diez minutos a pie, abordamos un bus y llegamos a Tapachula, aquí nos agregamos a un grupo de tres hombres y una mujer y empezó lo difícil. Tuvimos que rodear una garita, primero pasamos las mujeres fácilmente, pero a los hombres los detuvieron y registraron, estaban vestidos de policías a lo mejor no eran; a mi hermano le quitaron todo el dinero, aunque yo llevaba un poco ya no era suficiente para continuar, aún así seguimos; en el camino fue creciendo el grupo y pudimos llegar a Oaxaca donde nos detuvieron. Entre todo lo que vivimos, no sabía donde estaba Marlon, mi hermano. Cuando nos deportaron, estando en Tapachula ya de vuelta, lo volví a ver, él dijo que era nicaragüense y yo ya me había puesto de acuerdo con un guatemalteco que dijo que era mi esposo y el respondía a todo lo que le preguntaban, se portó muy bueno. A mí, me sacaron antes que a Marlon y me dijo que me viniera para la Casa del Migrante antes que descubrieran que yo era nicaragüense y que cuando a él lo sacaran, me iba a buscar aquí, por eso es mi preocupación e intranquilidad cuando tocan el timbre, ya tengo tres días esperando, cada vez que abren la puerta espero verlo llegar, pero no es así; ojalá no se haya confundido de camino, porque por donde me vine encontré gente que me ayudó con dinero para comer y pagar mi viaje, pienso que con él lo mismo podía pasar. Llamé a mis papás para contarles que ya nos habíamos separado, que por cualquier cosa que me avisaran luego y yo también, pero todo está en silencio. Por las noches se me quita el sueño, se me revelan muchas cosas: A Marlon, pálido cuando lo asaltaron, a mi hija mayor con lágrimas en los ojos, a la menor risueña pero inocente de lo que pasaba, mi papá callado entre toda la familia, el abrazo de mi mamá y diciéndome quédate, mi hermano más pequeño que se salió de la casa para no despedirme, la vecina diciéndole no sé que palabras a mi mamá, los aguacates que me dio la abuelita. También pienso en el viaje todo lo que hemos vivido, las palabras abusivas de los policías que nos detuvieron y deportaron, los lugares malolientes donde nos tuvieron, hambre, frío, calor, desvelos; pero lo peor es la incertidumbre que tengo de Marlon. Hoy platiqué con unos periodistas que iban para México, les conté lo que estoy viviendo y me ofrecieron buscarlo y si averiguaban algo dijeron que me llamarían, pero ya estoy preocupada porque no aparece, si me muevo de aquí pienso que no es correcto y para hacerlo no tengo nada de dinero, ya mis papás deben mucho por mi culpa y me da pena.” Hasta aquí llegó su plática, no quise molestarla más; aunque sé que se desahogó, yo veía que sufría con lo que me contaba, le dije algo para consolarla, porque ella decía que por su culpa estaba perdido su hermano, pero a veces las palabras no son suficientes. Nuevamente la vi el lunes, le pregunté si tenía alguna noticia y me dijo que no, pero que se sentía mejor, dormía normalmente, y con confianza que su hermano iba a llegar, estoy ayudando en los quehaceres de la casa y esperándolo. Barría, ayudaba en la cocina y se miraba optimista, no le pesaba hacer cualquier oficio, a veces estaba acompañada de más mujeres que después seguían su camino y volvía a quedarse sola, es amigable y calmada, tiene muchas cualidades. El martes cuando llegué a trabajar ya me estaba esperando para contarme que los periodistas llamaron informándole que a su hermano ya lo habían deportado. A medio día se paró en la puerta de mi oficina para contarme con gran satisfacción y tranquilidad que su mamá llamó diciéndole que ya estaba en casa y que no se moviera de aquí, en lo que platicaban con su hermano y pensaban que hacer. El miércoles me cuenta que su hermano le había llamado, diciéndole que se regresara, que ya no tenían dinero para que él viniera y continuaran el viaje, que sus hijitas preguntan mucho por ella, su papá muy intranquilo. –Tengo que buscar un trabajo para regresarme; –me dijo. El jueves, le llama su hermano nuevamente, para que la espere, que ya tiene algo de dinero para seguir adelante. Llegó el sábado por la tarde, y el domingo por la mañana emprendieron el viaje. El dos de julio de 2008 un compañero de trabajo recibió un mensaje: agradeciendo los servicios de la casa y contando que los había deportado nuevamente y que estaban en Nicaragua. Esta es una historia de tantas, que nos hablan de las causas y consecuencias de la migración, donde nos damos cuenta que es una persona la que quiere migrar, pero se involucra a todos los seres queridos. Mario Hernani Morales Molina.
Empresa delicada -En la oficina de trabajo social tuve la oportunidad de platicar con Óscar Manuel Ramírez Otero, hondureño de 24 años: Salió de Tocoa, pueblo donde ha vivido desde su niñez, al lado de su familia, con las dificultades que lleva consigo la pobreza. Va con sus sobrinos, Lucy de cuatro años y David de once, con un permiso de sus padres que están en Estados Unidos; intentan llegar donde ellos. Al llegar a la frontera de Agua Caliente del lado de Honduras, los empleados que estaban, lo maltrataron psicológicamente para pedirle dinero y dejarlo pasar a Guatemala. Dijeron que podían acusarlo de secuestro; tuvo que darles ciento cincuenta quetzales, y todavía lo amenazaron; pero pasó más tranquilo cuando les dieron libertad. Entraron a Guatemala en un taxi; se puso a platicar con el piloto de lo que les había pasado, le dijo que lo ayudara a llegar a un hotel seguro; esa era la plática cuando los detuvo un grupo de policías que también le pidió dinero, esto fue al entrar a Guatemala, antes de llegar a Esquipulas. El día siguiente, viajaron en un bus a la capital de Guatemala, donde se encontraron con otros seis migrantes; ya iban a pié por la calle cuando los detuvieron otros policías, los subieron a un auto patrulla, porque no eran guatemaltecos; llamaron por teléfono a otros compañeros, llegaron de inmediato; los llevaron a un lugar solitario donde los registraron y quitaron el dinero, sólo les dejaron cincuenta quetzales por persona, para que se regresaran, después los llevaron nuevamente a la estación. Cuando se retiraron los policías, buscaron nuevamente y abordaron un bus que los trajo a Tecún Umán, llegaron a las siete de la noche, Óscar traía otro poco de dinero escondido entre las maletas, le alcanzó para pagar un hotel, hoy por la mañana salieron temprano con hambre; una señora que vendía atole les contó de esta casa y por eso están aquí. -Lucy y David, no se imaginan lo largo que es el camino y las dificultades que tienen que atravesar para llegar a los Estados Unidos, sin embargo cuando oyeron que les dije: pasen adelante, principalmente David el más grande, respiró profundamente y entró con toda libertad. Muchas personas ejercen su derecho a la libertad de migrar, pero no advierte las consecuencias, y algo grave, exponen a los niños, a los peligros que muchas veces ni los grandes pueden enfrentar. Si usted que lee esta historia, tiene oportunidad de aconsejar a alguien que viaja en estas condiciones, no deje de hacerlo, para evitar cualquier percance, que proteger una vida vale más que cualquier cosa en la vida. María Cristina Aguirre Orellana.
“DERECHOS HUMANOS SIN FRONTERAS” PERFIL DEL PROYECTO A. PROGRAMA DE PAIS QUE SOLICITA LOS FONDOS B. TITULO DEL PROYECTO D. PARTICIPANTES: Directos:
Indirectos:
E. DURACIÓN DEL PROYECTO: Tres años (2008)
$100,000.00 Por un año G. SOCIO:Oficina de Derechos Humanos O Avenida “C del Migrante 0-22 Colonia Alguita De León,Tecún Umán, San Marcos Guatemala INDICE: Resumen Ejecutivo
I. RESUMEN EJECUTIVOLa Oficina de Derechos Humanos de la Casa del Migrante, ha venido consolidando su presencia en la frontera suroccidental de Guatemala con México, específicamente en el departamento de San Marcos, por medio del proyecto denominado “Derechos Humanos Sin Fronteras” el cual después de una década de trabajo ha logrado incidir en distintos ámbitos que de una u otra forma benefician a los migrantes de paso por la zona. Esto ha sido posible, gracias al apoyo y sensibilidad en el tema por parte de instituciones socias, que a lo largo de estos años han venido apoyando a los migrantes en su difícil camino, apoyo que se traduce en lograr el respeto y cumplimiento de los derechos humanos, y lograr de esa manera que los órganos administrativos del Estado guatemalteco y demás países involucrados reconozcan y garanticen el desarrollo integral de la persona, consolidando con ello lazos de mayor solidaridad. El proyecto busca responder a las necesidades de miles de migrantes, aunque estamos conscientes que el flujo es bastante fuerte y que por lo mismo no podemos llegar a todos, pero esperamos que nuestro trabajo sea multiplicado por los mismos migrantes y que con ello se prevengan abusos o que por lo menos tomen prevenciones, debido a que la rigidez de las políticas migratorias ponen en alto riesgo la integridad e incluso la vida de muchos migrantes. Por lo mismo la meta del proyecto es que la población migrante sea menos vulnerable en los países de tránsito, por medio de acciones informativitas y de incidencia política ante entes gubernamentales y no gubernamentales. El contexto del fenómeno migratorio en los temas de seguridad y administración de justicia en los países de origen y tránsito, a dejado mucho que desear, al no responder a las necesidades de la población tanto de origen como de transito, en éste caso los migrantes, es por lo mismo que no habiendo otra alternativa más inmediata, resulta necesario que el propio migrante tome prevención de los riesgos y trate a toda costa de no ser víctima, muchas veces de la propia autoridad. Lo indicado en el párrafo que antecede, no significa que la incidencia dirigida a los órganos administrativos del Estado quede a un lado, para ello el proyecto siempre demandara de las autoridades competentes que asuman su compromiso en beneficio del bien común, para fundamentar estas solicitudes, el proyecto tiene contemplado la realización de monitoreos, visitas a zonas fronterizas y la documentación interna de casos sobre violación de derechos humanos. Así mismo, la Oficina promueve la coordinación entre instituciones gubernamentales y no gubernamentales de Guatemala y México, Honduras y El Salvador para incidir en políticas que afectan a la población migrante. Además coordina con organizaciones de derechos humanos de los migrantes en el ámbito de Centroamérica. El Presupuesto Total de la Institución es de $84,937.09 el cual se complementa con el aporte de varias agencias donantes, entre ellas CRS/GT, TROCAIRE, DanChuchAid y Consejería en Proyectos, entre otros. II. ANTECEDENTES Y JUSTIFICACION. El fenómeno migratorio es un tema que cada día se torna más complejo, pues las causas que lo originan continúan siendo obviadas y frente a ello las autoridades responsables de dar solución a las mismas no actúan, lo cual produce que miles de personas que viven en situaciones económicas precarias tengan que emigrar, flujo que se intensificará aún más con las estructuras económicas del neoliberalismo en los países centroamericanos. Dentro del fenómeno migratorio las causas que originan la emigración son determinantes, pero muchas veces se quiere obviar las consecuencias que se producen tanto en los países de tránsito como destino, en ese sentido la Oficina de Derechos Humanos de la Casa del Migrante por medio del proyecto “Derechos Humanos Sin Fronteras” pretende abordar el fenómeno migratorio directamente en sus consecuencias, si bien es cierto que el accionar de esta manera no soluciona las causas, tampoco ve justo el hacer caso omiso a la indiferencia de las autoridades de los países de origen, quienes únicamente tienen fijada su mirada en los beneficios económicos que produce la emigración por medio del envío de las remesas, uno de los factores determinantes actualmente en la economía de los países expulsores de migrantes. Enfocados en esa realidad que cada día es más compleja y delicada, no sólo para los migrantes sino también para quienes trabajan en la defensa de los mismos, la oficina contempla abordar la ejecución del proyecto apegada a la misión y visión institucional, pilares fundamentales de nuestro compromiso y sensibilidad en el tema migratorio. El presente proyecto también tiene como finalidad ordenar y orientar de forma más eficiente y eficaz el trabajo que durante todos estos años ha realizado la Oficina de Derechos Humanos de la Casa del Migrante, pues la experiencia de trabajo lograda ha incidido mucho en la redefinición programática e institucional, lo que sin duda alguna contribuirá para obtener los resultados esperados, bajo una visión de mundo armonizada a la entereza y disciplina de planificación y la justa distribución de los recursos con que se cuentan. El proyecto se rige bajo una misión institucional, que busca reducir la vulnerabilidad de la población migrante en tránsito y deportados a través de la educación, difusión, asesoría legal, asistencia humanitaria, incidencia política e investigación, acciones que contemplan como eje transversal la promoción y defensa de los derechos humanos. La visión institucional, busca que la Oficina de Derechos Humanos de la Casa del Migrante, vele por el respeto de los derechos fundamentales de la persona sin discriminación alguna, poniendo en práctica los principios de igualdad, equidad y solidaridad humana. Fuertemente consolidada y posicionada mediante la construcción de alianzas que fortalezcan el desarrollo de acciones de incidencia en las políticas públicas actuales relacionadas al fenómeno migratorio, todo ello apoyado con la realización de investigaciones, diagnósticos y monitoreos que permitan tener información migratoria básica y actualizada. Consideramos necesario y urgente continuar afianzando estas acciones en defensa de los derechos de los migrantes, en virtud que el gobierno guatemalteco no ha implementado acciones concretas al tema, únicamente se ha limitado a poner en práctica acciones parciales que lejos de proteger la integridad de los migrantes en tránsito por el territorio nacional los criminaliza juntamente con las personas que se dedican al tráfico de migrantes, esto mismo provoca que el fenómeno migratorio continué desarrollándose en el país, bajo un clima general de hostigamiento y aprovechamiento de la situación de vulnerabilidad de los migrantes, situación que cada día se vuelve más tensa a consecuencia de la consolidación de las políticas migratorias restrictivas. Sin duda alguna dentro del presente proyecto no se pretende erradicar de manera total las consecuencias del fenómeno migratorio, pero frente a ello es importante generar fuertemente acciones de prevención dirigidas tanto a migrantes como a las propias autoridades nacionales y porque no decirlo a las misiones consulares de países emisores de migrantes, radicadas en Guatemala. III. OBJETIVOS, RESULTADOS Y ACTIVIDADES
Objetivo Estratégico No. 1 La Oficina de Derechos Humanos, ha promovido y coordinado con otras instancias a fines al tema migratorio, una campaña de prevención de violaciones de derechos humanos y riesgos a los que se exponen los migrantes en rutas de tránsito. Resultados Intermedios:
Actividades:
Objetivo Estratégico No. 2 La Oficina de Derechos Humanos, ha orientado y acompañado a migrantes víctimas de violaciones de derechos humanos, para reivindicar sus derechos fundamentales y elaborado análisis del contexto migratorio. Resultados Intermedios:
Actividades:
Objetivo Estratégico No. 3 La Oficina de Derechos Humanos, junto con otras instancias consolida acciones que garantizan la integridad y seguridad de los migrantes; y desarrolla actividades públicas de sensibilización sobre el tema migratorio. Resultados Intermedios:
Actividades
Objetivo Estratégico No. 4 La Oficina de Derechos Humanos, implementa monitoreos sobre el contexto del fenómeno migratorio, que le permiten implementar y definir acciones. Resultados
Actividades.
Objetivo Estratégico No. 5 La Oficina de Derechos Humanos en coordinación con la Casa del Migrante, ha asistido a la población migrante con la finalidad de resolver sus necesidades básicas inmediatas. Resultados
Actividades.
IV. MARCO LOGICO
VI. MONITOREO Y EVALUACIÓN Los informes de evaluación trimestral, serán rendidos por la persona responsable de cada actividad, y evaluados por el equipo respectivo designado por la oficina. Los informes de avances del proyecto, serán rendidos a la agencia donante semestralmente, con observaciones de algunas actividades cuando el caso lo amerite. VII. ESTRUCTURA ORGANIZACIONAL Y DE PERSONAL El proyecto en su estructura organizacional cuenta con las siguientes áreas: Tiene un área administrativa compuesta por la Dirección, Coordinación Ejecutiva y Administración Financiera, luego siguen las áreas de ejecución entre las cuales tenemos, Educación y Difusión, Asesoría legal, Incidencia Política, Investigación y Trabajo Social. Dirección: Padre Ademar Barilli. OBJETIVOS DE LA INSTITUCIÓN: Objetivo general de la Oficina de Derechos Humanos:
VIII. FORMACIÓN DE CAPACIDADES Y PARTICIPACIÓN DE LA COMUNIDAD La formación del equipo de la oficina, es determinante para llevar adelante las actividades contenidas dentro del proyecto, más aún cuando se trata de abordar un tema complejo como el fenómeno migratorio, cuyas causas giran entorno a muchos factores económicos, sociales, culturales y políticos. Considerando lo inmenso que es el tema y priorizadas las acciones a desarrollar, el equipo debe contar con constantes capacitaciones en temas que retroalimenten sus capacidades, cuando se denote en las mismas debilidades. La comunidad dentro del proyecto tiene una importante participación principalmente en la formación, sensibilización y difusión que se le haga llegar por distintos medios de comunicación social, lo que se espera tenga una repercusión en su formación y sensibilización en el tema migratorio, solo de esa manera la persona puede formar parte de la lucha por la defensa de los derechos humanos de los migrantes, alcanzando esa conciencia social, que actualmente no se tiene, es lo que provoca cada día más los actos de discriminación en contra del flujo migratorio.
Son factibles las actividades del proyecto a pesar que el tema en el contexto nacional e internacional es sumamente difícil, puesto que se carece de voluntad política de parte de las autoridades gubernamentales involucradas en la problemática, que pretendan realmente buscar solución al fenómeno migratorio. Frente a ese contexto la oficina inicia la ejecución de sus actividades, es algo difícil pero no imposible, el proceso de las actividades requiere de tiempo para consolidar los objetivos trazados y de esa forma obtener cambios de actitudes. La sostenibilidad del proyecto para complementar el proceso de las actividades depende en gran medida del financiamiento, el cual se complementa con el aporte propio y de agencias donantes como CRS Guatemala, TROCAIRE, DANCHURCHAID, Consejería en Proyectos, entre otras. ECPAT Guatemala, tiene un proyecto especifico de $55,132.00 que esta ejecutando la Casa del Migrante de Tecún Umán, para la prevención y protección de personas migrantes víctimas o en riesgo de ser tratadas o traficadas, cuya duración del proyecto es de 18 meses y el cual no tiene ningún tipo de vinculación con el presente proyecto, con relación a las actividades que son totalmente distintas. X. PRESUPUESTO El presupuesto para este proyecto es de $100,000.00 Esta donación contribuirá a lograr los objetivos del proyecto Derechos Humanos Sin Fronteras de la Casa del Migrante de Tecún Umán San Marcos Guatemala. |